sábado, 23 de abril de 2011

CATOLICISMO: ENTRE LA FÉ Y EL NEGOCIO

La música y el futbol son elementos que, desde las subjetividades sociales, dinamizan los gustos, preferencias y los sentires de una comunidad. Entonces, ¿la religión católica podría enmarcarse como fenómeno de la industria?

Jhon Fredy Nagles Soto
COLECTIVO LA ESCENA
Corresponsal Florencia - Caquetá


Mientras unos rezan, cuando algunos juntan las palmas de sus manos para elevar plegarias a su dios, se extienden todo un “mercado persa” alrededor del calificado por estudiosos como fenómeno de la religión. Hoy, la fe y las creencias religiosas es un tema enmarcado dentro de lo que muchos estudiosos establecen como consumo cultural, un sector que, desde enfoques monetarios, dinamiza el mercado. Desde ésta perspectiva, la religión, ¿podría ser también una industria al igual que el futbol y la música?

El concepto
Antes de entrar oficialmente al tema, aclaremos que es Industria cultural. Este concepto fue acuñado por T. W. Adorno y M. Horkheimer, dos famosos investigadores alemanes, quienes tuvieron que salir exiliados de su país, luego de la experiencia del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Ellos publican un libro que ha sido trascendental para las ciencias sociales del mundo: ‘La dialéctica del Iluminismo', en donde establecer por primera vez la categoría de Industria Cultural para denominar “cómo las sociedades capitalistas no transforman mercancías, sino que son en sí misma mercancía”.

Por otro lado otros teóricos más recientes como Ramón Zallo, catedrático de la Universidad del País Vasco, en su libro ‘Industrias culturales, Ciudades creativas’, el tema lo define como “un conjunto de ramas, segmentos y actividades auxiliares industriales productoras y distribuidoras de mercancías con contenidos simbólicos, concebidas por un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destinadas finalmente a los mercados de consumo con una función de reproducción ideológica y social.”

Semana Santa, ¿marketing religioso?

Bajo estos conceptos, podríamos establecer que así como el rodar del balón en un partido de futbol puede despertar en un centenar de personas sentimientos de identidad, y que éstos generen un mercado alrededor del concepto de “ser hincha” de un equipo de futbol en particular, así mismo se establecería también que muchas personas, con el ánimo de “alcanzar el cielo” busquen elementos que los conecte con esa identidad de ser católicos para conectarse con esa divinidad.

En ese orden de ideas, para Monseñor Jorge Alberto Ossa, obispo de la Diócesis de Florencia, decir que la Iglesia Católica pueda generar toda una industria cultural, dijo que desde luego muchas personas viven de la venta de imágenes, otros venden oraciones “pero establecer en el mismo nivel el espectáculo del futbol con las prácticas devotas cristianas no es apropiado para quienes, de corazón buscan de Dios”, señaló.

Los productores del Colectivo LA ESCENA consultaron la opinión de investigadores que en Colombia han adelantado trabajos sobre el tema de la industria cultural. Para Mauricio Beltrán, comunicador social y estudioso del fenómeno que sobre las culturas de masas establecen los medios de comunicación, dice que “todo elemento que se establezca como centro de una particular comunidad, sector, gueto o segmento social, y que este genere todo un complejo sistema de elementos que lo haga sentir parte de ese centro de interés se puede hablar de un fenómeno de cultura de masas. La religión, cualquiera que sea, es un fenómeno de cultura de masas.

Agregó que el fenómeno de la religión, “convertido en unidad de intercambio económico, se podría concebir como fenómeno de industria y consumo cultural. La música, el futbol y así mismo, la religión genera sentires y maneras de pensar y si, alrededor de esta, se genera todo un mercado; por ejemplo, discos, ropa, los conciertos, accesorios etc., pues con el tema de la Semana Santa sucedería lo mismo si lo enfocamos desde ese sentido”, argumentó el Académico.

Es entonces que al ver plazas, parques, almacenes, y cuanto “mercado persa” se arme ofreciendo a la venta escapularios, camisetas con imágenes religiosas, novenas, tarjetería con oraciones y cuanto elemento alusivo a la divinidad se pueda mercadear, es cuando se establece que la Semana Santa es la vitrina de venta del catolicismo, y, por lo tanto, industria cultural que define maneras de asumir la vida.

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